- No te puedes imaginar la cantidad de veces que me he aprovechado de chicas como tú.
Laura seguía en estado de shock. El tipo que la había apuntado con un revólver hacía menos de 15 minutos, ahora estaba confesándose entre lágrimas. "Completamente loco; me va a matar", pensaba Laura mientras se secaba las lágrimas que aún corrían por sus mejillas.
- ¿Qué quieres decir con eso?- le preguntó Laura una vez comenzaba a recuperarse del shock. Además podía ser un violador - ¿Aprovecharte?
- No, no, no, tranquila, no pienses mal. Nunca he hecho nada sin el permiso de una mujer. Lo mío era mucho peor. - Bruno miraba al infinito a través de la ventanilla. No se atrevía a mirar a Laura a la cara. - Yo me aprovechaba de sus sueños y esperanzas para que luego otros hicieran de ellas lo que quisieran. Y me desentendía de lo que les pasara. Eso es muchísimo peor.
Laura se sentía desconcertada. ¿A qué se refería con ese comentario? ¿Qué clase de persona podía estar tan desesperada como para confesarle esas cosas a una completa desconocida a la que se acababa de llevar a punta de pistola de una cafetería? Su cabeza era un hervidero de miedos y sinsentidos. No podía articular palabra alguna. Ese tipo en el asiento de copiloto, con aspecto desaliñado, el mismo que se había deshecho de su arma hacía unos kilómetros y que parecía no tener un plan, excepto ir hacia el norte. "¿Por qué hacia el norte?" pensó en voz alta.
- Allí podré desaparecer. - Contestó Bruno. - En mitad de ninguna parte no me buscarán.
- ¿Quién te busca? ¿La policía? - Siguió preguntando Laura.
- No, la policía no. Bueno, algunos sí me buscan, pero esos trabajan para Julio. El problema es que están muy bien conectados y en cuanto alguno me trincara sería hombre muerto. - Bruno parecía más calmado ahora. - Probablemente no llegaría a pisar la comisaría. Además, a Julio no le importa untar a un par de agentes más para conseguir lo que quiere.
- ¿Quién es ese tal Julio? - preguntó curiosa Laura-
- Alguien en quien cometí el error de confiar hace un par de años - contestó Bruno -, con contactos que ni te imaginas. Tan poderoso que tiene en nómina incluso gobernadores y algún presidente de algún país bastante desarrollado. Y encima tiene tiempo para llevar todo el negocio de coca en la costa este. Pero sigue siendo un desconocido para el resto del planeta. Ni siquiera sé si Julio es su nombre real. Así es como se presentó aquel día al menos...
- ¿Qué día? - Preguntó Laura.
Bruno tragó saliva, vergüenza y orgullo a partes iguales. A pesar de todo, seguía sintiéndose absolutamente culpable por todo su pasado. Todo lo que había dejado atrás, todo lo que había perdido y todo lo que había asegurado no tener importancia para él. Todo eso le pesaba demasiado, aunque siguiera a orillas del Mediterráneo, donde lo dejó. El hecho de reconocer sus errores le seguía atormentando. Miró hacia sus pies totalmente avergonzado.
- El día que entró a mi sala de chat. Bueno, a mi sala webcam.
- ¿Webcam? ¿Videochat? - Laura estaba alucinando - ¿De qué clase de webcam hablas?
- ¿Tan inocente eres? - Se sonrió Bruno mientras seguía mirando sus pies, con su tobillo dolorido por la noche anterior- De esos en los que acabas desnudo y haciendo lo que los espectadores te piden por dinero.
Laura se quedó mirándolo totalmente boquiabierta.
- Sí, guapa, era actor porno...
Laura seguía en estado de shock. El tipo que la había apuntado con un revólver hacía menos de 15 minutos, ahora estaba confesándose entre lágrimas. "Completamente loco; me va a matar", pensaba Laura mientras se secaba las lágrimas que aún corrían por sus mejillas.
- ¿Qué quieres decir con eso?- le preguntó Laura una vez comenzaba a recuperarse del shock. Además podía ser un violador - ¿Aprovecharte?
- No, no, no, tranquila, no pienses mal. Nunca he hecho nada sin el permiso de una mujer. Lo mío era mucho peor. - Bruno miraba al infinito a través de la ventanilla. No se atrevía a mirar a Laura a la cara. - Yo me aprovechaba de sus sueños y esperanzas para que luego otros hicieran de ellas lo que quisieran. Y me desentendía de lo que les pasara. Eso es muchísimo peor.
Laura se sentía desconcertada. ¿A qué se refería con ese comentario? ¿Qué clase de persona podía estar tan desesperada como para confesarle esas cosas a una completa desconocida a la que se acababa de llevar a punta de pistola de una cafetería? Su cabeza era un hervidero de miedos y sinsentidos. No podía articular palabra alguna. Ese tipo en el asiento de copiloto, con aspecto desaliñado, el mismo que se había deshecho de su arma hacía unos kilómetros y que parecía no tener un plan, excepto ir hacia el norte. "¿Por qué hacia el norte?" pensó en voz alta.
- Allí podré desaparecer. - Contestó Bruno. - En mitad de ninguna parte no me buscarán.
- ¿Quién te busca? ¿La policía? - Siguió preguntando Laura.
- No, la policía no. Bueno, algunos sí me buscan, pero esos trabajan para Julio. El problema es que están muy bien conectados y en cuanto alguno me trincara sería hombre muerto. - Bruno parecía más calmado ahora. - Probablemente no llegaría a pisar la comisaría. Además, a Julio no le importa untar a un par de agentes más para conseguir lo que quiere.
- ¿Quién es ese tal Julio? - preguntó curiosa Laura-
- Alguien en quien cometí el error de confiar hace un par de años - contestó Bruno -, con contactos que ni te imaginas. Tan poderoso que tiene en nómina incluso gobernadores y algún presidente de algún país bastante desarrollado. Y encima tiene tiempo para llevar todo el negocio de coca en la costa este. Pero sigue siendo un desconocido para el resto del planeta. Ni siquiera sé si Julio es su nombre real. Así es como se presentó aquel día al menos...
- ¿Qué día? - Preguntó Laura.
Bruno tragó saliva, vergüenza y orgullo a partes iguales. A pesar de todo, seguía sintiéndose absolutamente culpable por todo su pasado. Todo lo que había dejado atrás, todo lo que había perdido y todo lo que había asegurado no tener importancia para él. Todo eso le pesaba demasiado, aunque siguiera a orillas del Mediterráneo, donde lo dejó. El hecho de reconocer sus errores le seguía atormentando. Miró hacia sus pies totalmente avergonzado.
- El día que entró a mi sala de chat. Bueno, a mi sala webcam.
- ¿Webcam? ¿Videochat? - Laura estaba alucinando - ¿De qué clase de webcam hablas?
- ¿Tan inocente eres? - Se sonrió Bruno mientras seguía mirando sus pies, con su tobillo dolorido por la noche anterior- De esos en los que acabas desnudo y haciendo lo que los espectadores te piden por dinero.
Laura se quedó mirándolo totalmente boquiabierta.
- Sí, guapa, era actor porno...